02-09-2009 10:30

Psicología

Evitar separarse sin dejar de ser uno mismo en el intento
Falta de diálogo, primera causa de separación
por Joaquín Rocha
Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación

 

Pareciera ser que, para algunas parejas, es mucho más fácil tomar la decisión de separarse que hacer algo, en conjunto o desde cada uno, para revertir la crisis. Aquello de “para toda la vida” perdió vigencia y se convirtió en un mito más de la vida matrimonial.

Se dice que, hoy día, existe un mayor “sinceramiento” en las parejas frente a su entorno y que no se muestran hipócritamente frente a la sociedad. Puede ser. No digo que esto esté mal, ni que nadie deba condenarse a vivir al lado de una persona que ya no ama. Pero antes de esta instancia, se debe pasar por otra y agotar todas las posibilidades (sobre todo, si hay hijos en el medio). Lamentablemente, puedo afirmar que ha decaído sobremanera la voluntad de fortalecer la pareja a través de recursos de reparación y afianzamiento.

Es común que las crisis comiencen imperceptiblemente, y la falta de diálogo es la primera causa de separación. Cuando la comunicación se establece sólo mediante el silencio, y la corporalidad del hastío y la desaprobación ocupan el lugar del diálogo, se inicia el camino de la rotura.

Se debe estar atento a las señales. Los invito a practicar algunas pautas que ayudan a mejorar el vínculo y lograr que la pareja perdure en el tiempo.

- Resolver las crisis desde la adultez y la maduración. Según la licenciada Silvia Salinas, coautora del libro Amarse con los ojos abiertos, todo adulto llega con un “niño herido interno”, que, hasta que no sanamos y recuperamos, contaminará, en forma inconsciente, el comportamiento de toda persona adulta, en un intento de no reeditar viejos dolores. “De este modo, la persona -inconscientemente y de modos muy diversos- puede rehuir entregarse al amor para no volver a sufrir”. La mayoría de los conflictos son producto de las demandas de este niño herido.

- No pedir “peras al olmo”. Es común y hasta a veces raya en una conducta psicópata reclamar al otro cosas u acciones que sabemos, de antemano, que no va a dar o hacer. Es condenarlo y condenarnos al fracaso e instalarse en una permanente queja. El otro cae en una angustia por no poder dar lo que se le pide.

- No querer tener siempre el poder. Este deseo se muestra a través del empleo de conductas manipuladoras y deja al descubierto la baja autoestima de quien lo emplea. No se ve al otro como un igual, sino como un rival al que hay que vencer. Cuanto más se lo desvaloriza, mejor, convirtiéndose, así, en una relación asimétrica. La pareja ya no es “pareja”.

- Practicar la asertividad. Respetar y ser respetado es condición para llevar adelante cualquier tipo de vínculo, ya sea afectivo o no. Esto únicamente se logra conociendo al otro y permitiendo que desarrolle su forma de ser, que se exprese sin represiones ni críticas.

- Ser claro. Cuando necesitas algo o estás herido por alguna acción del otro, sé preciso y no andes “con rodeos” para decir lo que necesitas o sientes. Debes comunicarte lo más claramente posible, si deseas que el otro modifique una actitud que te incomoda.

- Potenciar lo positivo. Siempre es bueno tener la mirada sobre “la parte de la copa que está llena”, por un lado, y, por otro, aprender a diferenciar lo que es anécdota de un verdadero problema. El buen humor ayuda a desdramatizar situaciones conflictivas.

- Hacer, cada tanto, un “mea culpa”. Estar ensimismado en los errores del otro es no querer ver las propias fallas. Antes que nada, habría que descubrir qué pones de tu cosecha para que se produzca una crisis. “¿Qué hice yo para que sucediera esto?” es una buena pregunta para comenzar a equilibrar las cosas.

- Comunicar siempre. Nada mejor para hacer sentir mal al otro o incapaz de poder prestar una ayuda es responder “nada” a la pregunta “¿Te pasa algo?”. También se puede contestar con una afirmación del tipo sentencia “Tú sabes lo que me pasa”. Esta clase de actitudes corta el diálogo y genera decepción y bronca en los miembros de la pareja. Si algo ocurre, si se tiene una duda, no hay que callarse.

- Ser sincero. La sinceridad es siempre un factor fundamental para la construcción de una pareja. Tengamos en cuenta que la sinceridad absoluta puede ser contraproducente. Conservar algo íntimo o guardar cierto misterio debe estar presente a lo largo de todo el vínculo.

- No ser dependiente. Cada uno debe conservar su identidad. Tomar decisiones propias nutre la autovaloración. Es tan bueno pensar en las propias necesidades como en las del otro. Cada integrante debe mantener su espacio y dedicar un tiempo a hacer aquello que le gusta. Esto alimenta el diálogo, al compartir la experiencia vivida, y no invalida el realizar cosas juntos. El hecho de que ambos aporten, desde lo económico, en el mantenimiento del hogar permite que se estrechen lazos y que no caiga todo el peso sobre uno de ellos. En algunas parejas, sólo uno es el que trabaja, entonces el otro debe actuar como “ministro de economía”. De esa manera, le demuestra que el sacrificio de salir todos los días a trabajar tiene mayor sentido, además de acompañarlo y contenerlo.

Una pareja, algún momento, puede perder el rumbo, deambular entre altibajos. Las crisis son normales, lo importante es aprender de ellas. Estar en pareja debe ser una decisión sana. Requiere un ejercicio cotidiano de voluntad y afecto.

“Es muy difícil entregarse verdaderamente, puede haber una pareja, puede haber un matrimonio de años y, sin embargo, puede no haber entrega. Cuando nos entregamos estamos en carne viva, sentimos intensamente y nos acercamos al más preciado tesoro: Ser queridos incondicionalmente. Cuando el amor se da en su plenitud y sentimos que todos nuestros aspectos son incondicionalmente aceptados entramos en un estado de paz que nos ayuda a que nosotros mismos aceptemos todas nuestras partes y podamos experimentar el bienestar de sentirnos finalmente completos” (Miedo al compromiso en la pareja, de Silvia Salinas).