Psicología

Maternidad sustituta: ¿De quién es el hijo cuando nace?


por Joaquín Rocha
Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación


¿Cuál es el verdadero sentido que encierra el deseo de tener un hijo? ¿Posee parecida intensidad tanto en la mujer como en el hombre? ¿Lo moviliza la preservación de la especie, una conducta narcisista de prolongación de la herencia o simplemente un acto de amor?

¿Cuál es el verdadero sentido que encierra el deseo de tener un hijo? ¿Posee parecida intensidad tanto en la mujer como en el hombre? ¿Lo moviliza la preservación de la especie, una conducta narcisista de prolongación de la herencia o simplemente un acto de amor?

Para algunos autores, como Rubin Rowland, no constituye una necesidad biológica, sino una preferencia construida socialmente. Su cumplimiento implica una decisión social, y su justificación debe instituirse en una base moral.

Más allá de estas controversias, el deseo del hijo esta instalado, tanto en el hombre como en la mujer, antes que se produzcan el encuentro y la formalización de una pareja.

Ser estéril es un “estigma”, muchas veces, difícil de aceptar. Una cosa es no querer tener descendencia, y otra muy diferente, no poder. Nunca sabremos qué movilizó a los científicos a encontrar tantas soluciones para hacer posible la maternidad. Si un gran “amor por la humanidad” o simplemente la veta económica. Nadie puede negar que, dentro de la medicina, ocupa uno de los rubros más onerosos para quienes decidieron ser asistidos.

Entre todas las técnicas disponibles, “el alquiler de vientre”, junto con la fertilización “in-vitro”, es una de las más usadas y ha logrado no sólo la posibilidad del hijo deseado, sino también una discusión que alcanza lo social, lo jurídico, lo religioso y lo ético.

El alquiler de vientre consiste en que una mujer acepta, por contrato, llevar el embarazo a través de otra mujer. Se extraen los espermas del padre y se unen con el óvulo de la madre, para que, luego de formarse el preembrión, sea colocado en el útero de la madre sustituta.

Las razones por las cuales una pareja decide alquilar el útero de otra mujer son múltiples: problemas de esterilidad femenina; la mujer ha perdido el útero, debido a una cirugía; enfermedades como la artritis deformante severa o la insuficiencia cardíaca, etc.

“El hijo por encargo” no es un descubrimiento de nuestros tiempos, más bien, un fenómeno transhistórico y transcultural. Una prueba de su antigüedad, se refleja en el relato bíblico del Génesis, en la tradicional historia de Abraham, quien preñó a su sierva Agar, porque su esposa Sarah era incapaz de procrear. En la civilización romana, la maternidad sustituta aseguraba la renovación de las generaciones, generalmente, amenazada por la infertilidad y la mortalidad materno-infantil. “En ciertas comunidades africanas, una mujer infértil puede casarse con una mujer fértil, que concibe un hijo con el marido de la mujer infértil: este niño es considerado el hijo de la mujer fértil” (Diana Cohen Agrest, ¿Qué piensan los que no piensan como yo?, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2008).

Sin embargo, esta fórmula para resolver angustias de maternidad frustrada también presenta sus desventajas. Por un lado, la madre contratante no “sentirá” a su hijo dentro de ella, y, por otro, la madre alquilada debe bloquear todo tipo de sentimiento hacia el bebé, asumiendo que no es suyo.

Si bien destacamos como una opción que la pareja que alquila el vientre aporte el óvulo y el espermatozoide, hay otras posibilidades. Una de ella es que la madre sustituta aporte el óvulo, que puede ser inseminado con el semen del varón de la pareja contratante o de un tercero anónimo o conocido. Otra alternativa: óvulo y esperma son aportados por personas ajenas a la pareja que contrata y a la madre sustituta. Siempre se usa la fecundación in-vitro: el embrión es implantado en la mujer portadora.

Esto acarrea como consecuencia nuevos vínculos culturales, ya que se torna necesario distinguir entre “padres genéticos”, “padres biológicos” y “padres sociales o de crianza”, o sea que un hijo, hoy, puede llegar a tener tres tipo de padres.

La Iglesia Católica considera que un niño goza del derecho a tener padres definidos, cuya filiación, de acuerdo con el Código de Familia, resultaría confusa. Este código reconoce como madre a la que da a luz y no a la que proporciona el óvulo. Así mismo, declara que “la maternidad sustituta representa una falta objetiva contra las obligaciones del amor materno, de la fidelidad conyugal y de la maternidad responsable; ofende la dignidad y el derecho del hijo a ser gestado, traído al mundo y educado por los propios padres…” (Congregación Vaticana para la Doctrina de la Fe, 1987). El Presidente del Consejo para los Asuntos Familiares y Sociales del Episcopado francés, Mons. Jean-Charles Descubes, señala "la instrumentalización del cuerpo de una mujer 'portadora'" y explica que el "tiempo de gestación implica una relación muy fuerte y progresiva entre la mujer encinta y el niño que se forma en su seno. Durante este período, ella toma conciencia de haberse convertido en madre de su hijo, desde su fecundación. Ella no es un nido ni una incubadora. Numerosos factores inconscientes, afectivos y singulares ligan a la madre a su hijo y de modo inverso también".

Existen foros de Internet donde se promociona el servicio, y los demandantes conciertan citas. Estos sitios se convirtieron en la meca de la oferta de mujeres latinas, que, desde los 18 años, ofrecen sus vientres en alquiler para gestar hijos ajenos. Aquí se plantea un debate ético: quienes no cuestionan el método sostienen que las mujeres pueden hacer lo que quieren con sus cuerpos: el mismo argumento que se emplea para defender la prostitución. Pero lo cierto es que estas mujeres encuentran aquí una de las pocas chances para adquirir dinero: por eso, no podemos considerarlo una decisión autónoma", señala Susana Sommer, bióloga y profesora de Bioética en la UBA (Fuente Diario Clarín). Frente a esto, la investigadora Susana Checa agrega:"Las mujeres con menos recursos simbólicos, educativos y económicos, perdieron la autonomía sobre sus cuerpos. La lógica del capitalismo, en la que todo es comprable y vendible, llevó a estas mujeres pobres a usar su capacidad reproductiva como una mercancía o a exponerse a situaciones de sometimiento cuando acceden a tener sexo con el marido de la interesada". ¿No se convierte así el acto de procreación en una transacción comercial?

Los que están a favor consideran que, en una sociedad pluralista, le incumbiría, a sus miembros, en lo posible, tomar sus propias decisiones morales y que no debería el Estado, por medio de la ley, prohibir la maternidad sustituta.

Hasta aquí, se han tenido en cuenta los deseos de los padres ¿y el niño que nace? Algunos investigadores han afirmado que corre el riesgo de padecer un daño psicológico, al enterarse de que ha sido “abandonado” por su madre gestacional y la consiguiente confusión de no saber quién es su verdadera madre. “Debemos concluir afirmando que la maternidad por sustitución importa una falta a la dignidad de la persona por nacer en cuanto conlleva un quebrantamiento a la libertad del individuo de ‘ser’ y ‘existir’, conforme a un orden natural dado (presupuesto hereditario, estructuras innatas, etc.), libre de injerencias que hayan predeterminado su no identidad (si no puede establecerse su origen genético), su derecho a ser traído al mundo por su madre biológica, a no ser separado de quien lo gestó. De este modo, el sujeto deviene en ‘objeto’ de experimentación y fabricación, sin consideraciones que contemplen su estructura psico-emocional, espiritual y volitiva; reduciéndolo a un simple resultado, cuya teleología apunta a satisfacer un deseo ajeno” (María Eleonora Cano, Breve aproximación en torno a la problemática de la maternidad subrogada).