25/06/09 - 18:30

Salud

Ayer el dengue, hoy la gripe A
por Ivana Fischer
Periodista

 

La llegada de la “Gripe A” a nuestro país, ya con casos fatales, y cuando aún no hemos entrado “de lleno” en el pico del brote estacional de enfermedades respiratorias, hace saltar a escena, una vez más, la falta de políticas en salud pública.

Si bien es cierto que el mundo enfrenta un tremendo colapso, a medida que, con mayor frecuencia, se manifiestan rebrotes de enfermedades infecciosas y se originan otras nuevas, se plantean también los interrogantes.

En los últimos 20 años, han aparecido, en todo el planeta, por lo menos 30 enfermedades nuevas, como el SIDA, el ébola, varios tipos de hepatitis y otros virus mortales, mientras que van resurgiendo antiguas enfermedades infecciosas como la tuberculosis, el cólera, la malaria y la difteria.

Se podrá escuchar que esto se debe a que “se ha producido” la ruptura de un equilibrio “natural”, que periódicamente emergen nuevas cepas a las que no estamos inmunizados, por lo tanto, es inevitable su difusión y el costo en vidas humanas. Se asegura que las pandemias de gripe son cíclicas (se repiten cada 15 o 20 años), y esta cadencia se interpreta como un fenómeno “ecológico”. Rescato, en este punto, la opinión de un médico salubrista, Javier Segura del Pozo, que analiza los peligros de “reducir” la aparición de las pandemias de gripe a una cuestión natural, irreversible, “ecológica”.

Coincidiendo con el profesional, “el insertarlas en el orden de lo natural, de lo inevitable, nos lleva a tomar posturas pasivas (dejar que “pase el chaparrón”) y a confiar en que nuestros gobernantes, sin cambiar las reglas del juego (del juego del sistema social, económico, político llamado capitalismo), consigan erigir nuevas barreras, nuevos muros, nuevas fronteras, contratar nuevos vigilantes, para protegernos del ataque; que al parecer siempre es externo, pues se origina más allá de nuestras fronteras”.

Es terrible esta aceptación de lo inevitable. La desmovilización que genera es inmediata, sólo nos queda esperar a que nos salven las vacunas. Mientras tanto, en el mundo, las opciones son los barbijos, cuarentenas y recuento de casos. Con la inestimable ayuda de la salud pública.

Así nos encuentra hoy, en la Argentina, un nuevo brote epidemiológico. En el verano, cuando se desató el incremento de casos de dengue, nos halló “rogando” que pase la época estival para que cese la enfermedad. Ahora, estamos “pidiendo” que el frío no sea tan crudo para que la prevalencia de la gripe (no sólo la A, sino en todas sus manifestaciones), no provoque más complicaciones y saldos fatales, que los que todos los años sufrimos.

Con la enfermedad ya instalada en nuestras tierras, las preocupaciones se centran en las estrategias de contención, de vigilancia, de colocar “cortafuegos” (en el caso de la gripe A, con controles en aeropuertos –en el comienzo de la enfermedad– y hoy con el cierre de escuelas –que ya se ha dicho, no es efectivo), de minimización de daños y de introducción de leyes, normativas, consensos para aumentar la regulación colectiva. No hay espacio, gran problema en los países pobres, para el diseño de políticas de gestión pública, a largo plazo. Ya no hay tiempo.

Vemos que, por estos días, se han “ensayado” algunas estrategias de prevención, las que se despliegan en distintos ámbitos, incluido el escolar. Pero son superficiales y no se mantienen en el tiempo, lo cual no asegura su eficacia, sino sólo para la contingencia actual.

En definitiva, otra vez pasa a segundo plano la discusión de la pobreza, de la profundización en las desigualdades y la vulnerabilidad social. Esto que es lo que hay que atacar, lo que nunca se termina de hacer, con políticas públicas sostenidas en el tiempo. Lo demás es conocido: falta de acceso a la red de agua potable y cloacas, trabajo precario, privación de vivienda digna; las comunidades que necesitan más servicios preventivos carecen de ellos, la vacunación no llega a todos los sectores, los servicios ofertados no siempre se corresponden con las necesidades.

¿Seguirá siempre así? Nuevamente otra excusa para no hacer, para aplazar, para el después vemos…