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27-02-2010 12:00

Cartas al Director:

Minería Contaminante
Violencia

Toda la historia y la mitología humana están surcadas de actos de violencia, desde los tiempos más antiguos. Invasiones de unas tribus a otras. El Imperio asirio aplastando a las tribus arameas. El Reino Hitita arrasando Babilonia. Seres humanos esclavizando a otros seres humanos. Esclavitud laboral, esclavitud sexual, esclavitud ideológica (colonización mental). Los Hicsos invadiendo Egipto. El dios Cronos devorando a sus hijos. Violencia en el Olimpo de los dioses griegos, violencia en el Olimpo argentino, centro clandestino de torturas. Hércules matando a su mujer y a sus hijos en un acceso de locura. Caín matando a Abel. Los egipcios sometiendo a esclavitud a los hebreos. Moisés matando al egipcio que había golpeado a un esclavo hebreo. El dios Yavé ordenando a Moisés atacar a los madianitas y exterminarlos a todos. Moisés obedeciendo y ordenando: “Maten a todos los niños, a todos los hombres, y a toda mujer que haya tenido relaciones con un hombre. Pero dejen con vida y tomen para ustedes a todas las niñas que todavía no han tenido relaciones.” (Biblia - Números 31 – 17,18). Herodes dando la orden de matar a los recién nacidos. Jesús expulsando a los mercaderes del templo. Los romanos crucificando a Jesús. El Imperio romano sometiendo pueblo tras pueblo. Atila, “el azote de Dios”, rey de los hunos, invadiendo a los romanos. Edad Media, la tortura es bendecida por el Papa: la Inquisición liquidando herejes. Argentina Siglo XX, un concubinato perverso: el Proceso Genocida y la Jerarquía Eclesiástica. Europa Siglo XV: el Conde Vlad Tepes, príncipe de Transilvania y de Valaquia, más conocido como Conde Drácula, “El empalador”, responsable de 100.000 muertes. Guerras de colonización, guerras de independencia, guerras de liberación, guerras mundiales. El padrecito Stalin: 10 millones de muertos soviéticos. Hitler y el Holocausto. Churchill ordenando descargar 650.000 bombas incendiarias sobre la ciudad alemana de Dresde: 135.000 muertos (la mayoría civiles) y el 80% de la ciudad destruida; hay un pequeño detalle: la guerra ya estaba ganada. Stalin, Drácula y Hitler son unos monstruos, Churchill es un prócer de la libertad y la democracia (cómo…¿no es un criminal de guerra?). El genocidio camboyano de Pol Pot y del Khmer Rojo. Violencia ultraizquierdista de los jóvenes Guardias Rojos en la Revolución Cultural China. Los serbios y la “limpieza étnica” para terminar con los musulmanes. Guerra de etnias: hutus y tutsis en Ruanda. Guerrillas en Latinoamérica. Sierra Maestra y la voluntarista teoría del “foco guerrillero”: un caso exitoso primero, y cien fracasos después, con la posterior irrupción de dictaduras genocidas de militares antinacionales, y países y pueblos padeciendo las decisiones económicas, políticas y militares del Imperio. Y así hasta llegar a los modernos Atilas: el Estado Sionista de Israel masacrando palestinos; Bush, el petrolero mentiroso, invadiendo Afganistán e Irak. Todos los días los soldados invasores “lamentan” el error de haber asesinado civiles confundiéndolos con insurgentes. Una historia repetida: los “guerreros de la libertad” yanquis invadiendo y destruyendo pueblos desde siempre. Estados Unidos ostentando un título poco honroso: es el único país en toda la historia humana que ha tirado bombas nucleares sobre otro pueblo. (¿Quién expande el terror por el mundo? ¿Quién es el mayor peligro para la humanidad?). Los talibanes fundamentalistas no están escondidos en remotas cuevas montañosas, digitan el terror mundial desde la Casa Blanca.

Pero hay otras violencias: la violencia dentro de una pareja, la violencia laboral de un trabajo mal remunerado, la violencia social sobre los excluidos, la violencia discriminativa, la violencia del abuso sexual infantil bajo el signo de la cruz (y con la benevolencia de la protección jerárquica eclesiástica), la violencia del trabajo infantil, la violencia de morir de hambre en un país con abundantes recursos alimenticios, la violencia de la carencia de servicios eficaces de salud y de educación públicos. La violencia contra el medio ambiente que nos afecta a todos los habitantes del planeta. La violencia de la decisión económica del Nuevo Orden Mundial que asigna a los países periféricos el rol de meros productores de materias primas: productos agrícola-ganaderos y minerales. La violencia solapada de las empresas multinacionales que se aprovechan de leyes y gobiernos complacientes para saquear las riquezas naturales de los pueblos. Violencia de la memoria, violencia de la impunidad: Manzano declarando “robo para la corona”, guardapolvos de Bauzá, leche contaminada de Vico, destrucción de la Fábrica Militar de Río Tercero, contrabando de armas, negociado IBM-Banco Nación, mafia del oro, ¿qué pasó con los dineros de Santa Cruz?, negocios privados con dineros públicos. Un país regalado (¿otra variante de las relaciones carnales?): hacemos leyes a medida para los saqueadores del oro y el agua. Si se llevan todo sin pagar casi nada los honramos con el título de “promotores del desarrollo nacional”. Pero eso sí: al ladrón de gallinas lo molemos a palos, para que aprenda. La riqueza mineral del país nos es saqueada legalmente, se nos va tranquilamente por el puerto, pero nuestro patriotismo nunca desmentido hace que hagamos controles continuados de las fuerzas de seguridad porque existe… ¡grave peligro en la frontera!: hay información fidedigna de que viajan hacia las Termas de Fiambalá unos jóvenes rockeros melenudos y con aritos, portando unos porros: ¡Alerta roja! ¡Deténganlos! ¡La sociedad está en peligro!... Pero nada malo le ocurrirá a usted si es elegido presidente y, traicionando el mandato popular, desguaza el país, destruye sus industrias, privatiza las empresas públicas, aumenta la deuda externa, crea desocupación, lo entrega a la voracidad de las multinacionales: la sociedad agradecida sabrá premiarlo luego con una senaduría nacional. (Por supuesto que no se trata de aplaudir al ladrón de gallinas, lo que hace está mal, merece una penalidad, pero no podemos ser una sociedad esquizofrénica que mira el grano de mijo con una lupa y lo que tiene el tamaño de una montaña lo ignoramos mirando para otro lado. Al pobre que roba lo llamamos ladrón, pero los ladrones de altas esferas siguen siendo grandes señores). Violencia de la vida cotidiana: es pan de todos los días en la TV el salvajismo en robos y asaltos por jóvenes descartados socialmente. Violencia física represiva contra reclamos sociales, que a veces suele desencadenar la violencia reactiva de los manifestantes cuando hay desmesura represiva. Y en todas estas violencias no pocas veces hay “daños colaterales”, es decir, la terminan ligando algunos que nada tienen que ver, pagando justos por pecadores.

Un día de furia
Y fenómenos de violencia se han desplegado días pasados en las calles de Andalgalá. Los anteriormente tranquilos pueblos del interior se han ido alterando con el arribo de empresas multinacionales, con su secuela de despojo y contaminación. Al principio los pueblos tenían la inocencia pura de los americanos originarios ante la llegada de los españoles. Si los lugareños confiaron en las promesas de trabajo y progreso, experiencias posteriores los han alertado y ha nacido la desconfianza y la prevención, dividiendo a los pobladores. Unos están de acuerdo con las empresas, otros las rechazan. El peso del enorme poderío económico de las empresas, su poder de influencia política sobre los gobernantes y estamentos estatales, sobre los medios de difusión masiva, hace que el bando de las multinacionales y de los “colaboracionistas” sea por lejos el más poderoso, como poder físico y económico. Por el contrario, el sector de los Defensores de la Vida y de nuestros recursos naturales suele ser depositario de mayor convicción en la justicia de su causa, mayor fe y esperanza, pero eso pesa poco en las confrontaciones brutalmente físicas: el poder de represión estatal pertenece al otro bando. El enfrentamiento físico directo entre David y Goliat suele terminar muy mal para David, a pesar de la excepción bíblica conocida, que es sólo eso, un hecho excepcional, no la regla general. Si un grandote fortachón, que además es maestro de Kung Fú, viene y nos moja la oreja para que nos sintamos humillados, nos dé bronca y salgamos a pelear, muy mal haríamos en pisar el palito y responder a su provocación. El enfrentamiento físico nos pulverizaría, mejor será morder nuestra bronca, dejar de lado lo emocional y buscarle la vuelta para evitar el choque físico directo, para combatirlo no nos queda otra que ser más hábiles e inteligentes que el grandote. Para enfrentar a Goliat, David deberá usar no la fuerza bruta, sino la racionalidad, la conciencia crítica, la prudencia, la osadía conceptual, la capacidad de inventar nuevas formas. “O inventamos o fracasamos”, decía Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar. Mahatma Gandhi, el líder nacionalista indio, tuvo que inventar nuevos métodos de resistencia al imperio inglés, si hubiese pretendido expulsar a los ingleses mediante el enfrentamiento armado habría fracasado, y finalmente logró llevar la independencia a su país mediante una revolución pacífica.
Los sectores que manejan el poder, es decir, el bloque de grandes empresas-gobierno son los dueños de hecho del poder coercitivo estatal y no pocas veces demuestran mayor astucia, mayor capacidad de visualizar el desarrollo de los acontecimientos, mayor inteligencia (aunque perversa) para mover las piezas en este delicado tablero de ajedrez. Y en esto no tiene importancia la justicia de una causa, la moral no interesa en este análisis. A veces los dueños del poder estiman conveniente exagerar la represión a propósito, conscientemente, para provocar, para que los manifestantes reaccionen con violencia, y cometan actos repudiables, excesos destructivos, que no se pueden justificar razonablemente por más que la causa defendida sea justa. En otras palabras, les hacen “pisar el palito”. De esa forma se busca que una parte importante de la población repudie esos actos de violencia, y así aislar a los manifestantes del resto de la población. Por ejemplo, ¿quién en su sano juicio podría justificar la destrucción de la camioneta de Agronomía de zona? Cuando el sector de los Defensores de la Vida quede aislado será más fácil aplastar la rebeldía, piensan los dueños del poder. A veces, la cosa es más maquiavélica y se infiltran agentes provocadores que le echan más leña al fuego desencadenado por la represión. A veces ni siquiera hacen falta agentes provocadores pues, inocentemente, los más exaltados e irracionales, sin pensar en que le hacen el juego a los que quieren destruirlos, cometen destrozos o agresiones injustificables. Y eso es un error que se paga muy caro, un error que no pueden permitirse quienes luchan por una causa justa, pues el descrédito que les acarrea tiende a aislarlos y entonces pueden ser combatidos más fácilmente. Por lo tanto, lo primordial es el ejercicio de una mente crítica, lúcida, que visualice el juego de los sectores del poder. Es preciso una mente fría y un corazón caliente. No puede permitirse el desborde irracional, aunque la bronca sea justa. Se me objetará que esto es muy fácil de decir y otra cosa es manejarlo, y sin duda es así, pero hay que tener muy en claro que esa reacción emotiva- destructiva descontrolada es un boomerang, juega en contra. No siempre son más “revolucionarios” los que así se presentan, los que proclaman desafiantes que “la violencia en manos del pueblo, no es violencia sino justicia”. Bastante historia trágica ha conocido toda Latinoamérica en la que después del aplastamiento de los “revolucionarios” se han implantado largos años de dictaduras sangrientas. Si un movimiento no sabe controlar o desprenderse de los más exaltados, de los más irracionales, suele pagarlo muy caro. Una cosa son los grandes levantamientos populares como el 17 de Octubre del 45, o el 29 de Mayo del 69, que son movimientos gigantescos que cambiaron el curso de la historia, que la hacen avanzar, y otra cosa son los actos destructivos que terminan provocando un retroceso. Debe aumentarse el nivel de conciencia y compromiso popular, la violencia destructiva suele enfriar y apartar. En los momentos más peligrosos es cuando es imprescindible la serenidad, la supremacía del pensamiento crítico. Cuidémonos de los apóstoles de la violencia, que a veces son compañeros bien intencionados, aunque exaltados y poco críticos, pero a veces ocultan a un camuflado agente provocador, a “un agente de los Servicios”, este sí malintencionado. Pero la resultante final de los dos es exactamente la misma: primero aislamiento del resto de la comunidad y después la facilitada destrucción de la rebeldía popular. La inteligencia lúcida, la conciencia crítica es la más importante fuerza con que deben contar los pueblos que luchan por su independencia y su soberanía.

Dr. Mario H. Di Rienzo MP 544 - Fiambalá