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27-02-2010 12:00

Cultura   
“La felicidad es hija del trabajo fecundo e intensivo”
 Entrevista al Dr. Ré, autor del libro La auténtica felicidad
por Bárbara Rant
    
Luego de las obras El secreto de aceptar. Una mirada esclarecedora y Transformando nuestros sentimientos. Una mirada integral, María Guadalupe Buttera y el Dr. Roberto Federico Ré nos invitan a prestar atención a La auténtica felicidad. Una mirada al mayor bien del hombre, un libro de reciente publicación en SAN PABLO, que se suma a la colección “Salud Integral”. Para conocer más sobre el tema, la ROL conversó con el Dr. Ré.

- ¿Qué es la felicidad?
 
-Es uno de los objetivos más anhelados del hombre. Hay distintas formas de conceptualizarla en las etapas de la historia, pero es un anhelo que persiste. Se busca a través del trabajo, no se recibe de regalo. Cuando tenemos la tarea realizada, aparece fugaz y se va fugaz. Es hija de las virtudes, y su componente básico es el amor, que une y permite que los ingredientes de la persona, en conjunto con el otro, estén en unidad para que pueda fluir la vida.
Hay un principio que dice Ora et labora, de san Benito. Ora es comunicación: con Dios, con los hermanos, a través de un diálogo fluido y enriquecedor. Labora tiene que ver con el trabajo, que nos dignifica. En Occidente, existe un mal concepto de trabajo relacionado con la esclavitud. Sin embargo, el trabajo potencia todas las capacidades del hombre; trabajar, con orar, deben relacionarse íntimamente con el amor. Quien ama trabaja, comunica y ora.

-Para alcanzar una auténtica felicidad, ¿es necesaria la infelicidad?, ¿se puede decir que el sufrimiento templa el alma?

-La felicidad surge del trabajo, y viene acompañada de dolor y sufrimiento previos. San Juan de la Cruz, con un criterio y una iluminación muy especial, dio a comprender este momento como “la noche oscura del alma”. La paz interior se logra luego de superar vicisitudes en la vida y, a través de las virtudes, entendemos las claves de lo importante, y discernimos entre lo importante y lo necesario.
El mayor bien del hombre es el amor, y su negación es el odio y el miedo. La falta de amor se traduce en la pérdida de humildad, generosidad, continencia, paciencia, templanza, caridad, entre otras virtudes. Dentro de los males del hombre, se ubican la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, que se apoderarán de él, si pierde el amor a sí mismo, a los demás y a Dios. Atravesará un derrotero triste, de infortunios, de dolores que lo sumirán en un estado de pobreza interior, infelicidad, y incluso muerte. Es a lo que se refirió Juan Pablo II, cuando habló de la cultura de la muerte, de una humanidad alejada del amor.

-Se suele creer que una persona sola no es feliz. Sin embargo, plantean, en el libro, como valor positivo la soledad, como un espacio de encuentro, para saber quién se es y hacia dónde se va. ¿Cómo revalorizar la soledad y no darle un sentido melancólico?

-Muchas veces pensamos que la alegría y la felicidad son hijas de la compañía. Es cierto, por el instinto gregario propio de los humanos. Pero, cuando estamos solos, con nosotros mismos, con equilibrio, discernimiento, con paz interior, también podemos encontrar la felicidad. Por ese motivo, es tan importante capacitarse, enriquecerse nutrirse en todas las dimensiones: física, emocional, mental, social, valórica y espiritual, porque nadie puede dar lo que no es, lo que no tiene. Jesús nos enseñó dar al prójimo igual que a ti mismo, entonces, darnos riqueza es un deber.

-¿Cómo hacer para gastarnos, pero sin desgastarnos?


-El hombre tiene diversas misiones y un proyecto vital significativo. Este proyecto debe ser desarrollado con gran actividad. El trabajo no sólo provee de un bienestar económico, sino también, de riquezas a la dignidad, engrandece el alma. Por lo tanto, en la vida, hay que dormir serenos, pero, cuando nos levantamos, debemos hacerlo con los tacones de punta y vivir cada día en plenitud, hay que gastar las energías, ponerlas al servicio de la creatividad a través del esfuerzo, pero cuidando de no desgastarse. El desgaste, que provoca el distrés (estado de tensión negativa, disfuncional y poco operativa, propia de muchos hombres y mujeres contemporáneos), nos puede llegar a quitar la energía vital e incluso a enfermarnos.

-¿Cómo considerar nuestra felicidad en cuanto a nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro?


-Conciliar el aquí y ahora es básico. Hoy es hoy, lo que importa es hoy, y un poco el porvenir. Pero somos seres históricos, tenemos pasado, en el que, a veces, quedan heridas, dolores, duelos, remordimientos, resentimientos no siempre bien resueltos. Se vuelven piedras, obstáculos que oscurecen la luminosidad del día de hoy y nos hipotecan también el mañana.

-Cuando entra en juego el otro más cercano, que es la pareja, la familia, los amigos, compañeros de trabajo, ¿cómo generar vínculos sanos y auténticos para crear un entorno de felicidad?

-El camino se inicia con la revisión del mundo interior de cada uno. La felicidad no empieza esperando que el otro cambie, sino dándonos cuenta de que el verdadero camino de la vida es cambiar uno. Dejar de esperar del otro y hacer. Cuando estemos persuadidos con un cambio positivo para limar asperezas, cuando con amor nos perfeccionemos, notaremos que el mundo empieza a sonreír, que los demás perciben nuestro bienestar. Tanto la alegría, la felicidad, como la tristeza o el mal humor, son contagiosos.

-¿Cómo repercute un estado de felicidad, de optimismo, en la salud de la persona?

-En la actualidad, se conoce que hay neurotransmisores en nuestro cerebro que liberan sustancias positivas para el organismo en estado de dicha y plenitud. Hay otros, tóxicos, que se liberan cuando estamos de mal humor, tenemos emociones y sentimientos perturbados, o tristeza interior. Algunos tipos de cáncer se relacionan con la liberación de ciertas toxinas que hacen que la persona duplique células que alteran su plan genético. La salud está directamente asociada a la auténtica felicidad, el estado de amor con que uno se siente, se aprende a tratar a sí mismo y a los otros.

-¿Nos podemos entrenar para ser felices?

-Claro que sí, para eso está la psicoeducación, que nos ilumina el camino del trabajo y el esfuerzo, para encontrarnos con el sentido de nuestras vidas. Incluye un saber a qué atenerse, por qué luchar, por qué vivir. Quien crece en la educación en valores, con un sentido vital, encontrará el camino a través del amor.

-¿Qué propone para el tiempo de Cuaresma, celebrada por los cristianos en preparación a la Semana Santa y a la Pascua, para acercarnos a la auténtica felicidad?

-La Pascua es el paso de un mundo al otro, de un estado de esclavitud a uno de liberación. Es una invitación a reflexionar, podemos tener una noche oscura, estar encadenados a emociones, a sentimientos, a conductas nocivas y esclavizantes, pero estamos llamados a la felicidad y la alegría. Que esta Pascua, que significa pasar de un mundo de oscuridad a uno de la luz, nos permita recibir el don de Dios, que nos quiere felices y, más allá de días mejores y peores, nos interpela a vivir en clave de auténtica felicidad.